Adicción.

Álvaro, bruja de tercera generación, (sí, sí, bruja, que los brujos nunca han existido) había logrado entrar y salir de la biblioteca en menos de media hora. Aunque al pasar por la sección de fantasía informática, por el rabillo del ojo pudo ver la cubierta de uno de los libros, aparecía la imagen de un adolescente frente a una pantalla de ordenador. No se detuvo, pero las manos le sudaban y el corazón le palpitaba más rápido. Se aseguró que la bibliotecaria le viera todo el rato, aunque esta no le miraba, él estaba seguro que su mentor y jefe de proyectos sabría que había estado en la biblioteca a pesar de que lo tenía prohibido. Era lo que tenía ser adicto a libros de fantasía.

Todo había comenzado de niño. Aprendió a leer a los cinco años, y a los seis ya estaba leyendo novelas de fantasía de mundos donde los personajes usaban la informática para todo tipo de cosas. Inclusive los nacidos de clases sociales bajas. Los que en el mundo real les llamaban los Sin Poderes. Se sabe que en toda familia había alguno. Si la familia estaba bien posicionada, les mantenían, pero si no, acababan haciendo labores manuales. La mayoría muy mal pagadas y peor que eso, no tenían acceso a la información y menos a la educación que estaba totalmente basada en la magia. Pero en las novelas de fantasía de informática, cualquiera podía tener acceso a la información y poco a poco, según sus habilidades, saltar a clases sociales más altas.

De pequeño y durante los primeros años de adolescente, absorbía libros de todo tipo de autores. Uno de sus favoritos era “El Señor de la Manzana”, donde un pequeño grupo de amigos se embarcaban en un viaje donde acababan siendo muy poderosos en la informática. Inclusive enfrentándose al poderoso Señor Portónes. O la historia donde La Nube lo absorbía todo y poco a poco las personas perdían su libertad. Un libro tras otro y nadie nunca le dijo nada ya que leer era bueno.

Todo acabo cuando comenzó su educación media. Un día su tutor cogió el libro que estaba leyendo mientras hacían un examen. Cuando acabó este le ordenó que esperara y cuando ya no quedaba nadie más le espetó que tenía habilidades, que podría tener mejores notas pero que no debía perder el tiempo leyendo tonterías inútiles. No era la primera vez que le decían eso ya que su madre, bruja de clase A, se lo decía regularmente. Mientras tanto miraba a su tutor soltando las frases de siempre y se preguntaba porqué todos decían lo mismo. ¿Estaba acaso en algún tipo de manual del profesor de como echar broncas al estudiante? Estaba seguro de que si el argumento hubiera sido diferente, seguramente habría puesto algo de atención a lo que le decía. En ese momento se dio cuenta que el tutor había dejado de hablar y le observaba fijamente con cara de enfadado.

Salio del aula de exámenes de energía base con una buena reprimenda y peor que eso. Su tutor empezó a controlar el tipo de libros que sacaba de la biblioteca. Trató de arreglar un poco las cosas contándole que en los ordenadores de las novelas había programas de ocio donde existía la magia, pero cuando mencionó a uno de los magos poderosos, su tutor le interrumpió y le pidió que le explicara que qué era un Mago. Cuando le explicó que era un hombre que tenía magia que era solo para hombres, fue la última gota y su tutor explotó diciendo que como a alguien se le puede ocurrir semejante. La magia era igual para hombres y mujeres y todos eran brujas.

No pasó mas de una semana hasta que su tutor le prohibió leer libros de fantasía informática. Y hasta hoy no había podido entrar en la biblioteca. El primer mes de castigo lo paso realmente mal, pero cuando sus estudios empezaron rápidamente a mejorar, se calmó un poco. Su amigo Edu, que en los juegos de rol se hacía llamar “El Androide Libre”, le dijo que se notaba que era tercera generación de brujas. El no se hubiera recuperado tan rápidamente.

Ahora podía entrar en la biblioteca, hacer lo que tenía que hacer sin quedarse enganchado por horas con la última novela de Libertad Digital o Cyber Ataques. Pero una nueva idea le había entrado en la cabeza. ¿De donde sacaban los autores todas estas ideas? Había muchísimas cosas en común y de autores de diferentes partes del mundo. Se lo tendría que preguntar a la profesora de Magia Creativa.

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